Razón de ser de un fugitivo del tiempo. (por Fernando Mancebo)

Artículo original en la Revista valenciana de ajedrez NOVA, nº3 de 1995, dentro de su sección ¿Quiere saber contra quién juega?

 

Razón de ser de un fugitivo del tiempo.

Por Fernando Mancebo


Heteróclito, egocéntrico, genial, torpe, intemporal, turbulento, bohemio, encantador, descosido, popular, negociador, afectivo, soñador, generoso, entrañable... y perezoso.


Les propongo un juego, no sigan leyendo y adivinen de quién se trata.


C. Justifica su existencia entablando una encarnizada lucha contra el tiempo, ese asesino que deja huellas, aunque el tiempo de C. es más temible porque no las deja.


Mi teoría es la de un C. Parmeneideo que no permite que el devenir del tiempo haga estragos en él y en su memoria y por esa causa se resiste al cambio negando las heraclitianas ventajas del movimiento, del avance, del olvido. C. repite siempre la misma respuesta ante el mismo estímulo, el psicólogo ruso Paulov hubiera estado encantado con él, y, probablemente en un mundo de certeras matemáticas las soluciones serían suyas (un problema, una solución) sin embargo en el mundo que nos ha tocado vivir impera el caos y... ya saben si no puedes con tu enemigo únete a él.


No pretendo analizar psicológicamente su caso, pero sí contribuir a desvelar algunos aspectos relacionados con el ajedrez: un amigo mutuo describe así su carácter: «es como una batería que se va cargando y cargando hasta que al final estalla» y el caso es que una trivialidad la puede convertir en toda una tragedia; no sería, quizá, mejor invertir el proceso y asumir de una vez por todas el caos reinante. Estoy convencido que obtendría la llave maestra con la que abriría muchas puertas (sobre todo las más ansiadas por él). Otra pregunta que flota en mi mar de dudas es ¿por qué siempre lleva un sobrepeso? (una suerte de miniequipaje que contiene: ropa, alimentos, bebidas, diarios, libros, paraguas, etc.) es que teme catástrofe nuclear o simplemente intenta compensar los efectos gravitatorios de ciertos astros; debería hacer suyo el poema de Keats «A thing off beauty is a Joy forever», que también abriría «otras» puertas más viscerales. Quizá su destino le vede las puertas del cielo, sin embargo estoy seguro que C. negociaría hábilmente su entrada en el paraíso.


El ajedrez de C. es un fiel reflejo de su filosofía repite «siempre» lo mismo ante lo mismo.


Esta estrategia tiene sus ventajas pero si agregamos los inconvenientes la balanza se muestra claramente favorable a estos últimos, pongamos algunos ejemplo: se pueden llegar a desconocer muchas posiciones (los grandes jugadores conocer muchas), por lo tanto estamos miniaturizando algo que de por sí (el ajedrez) es grande. Este inconveniente por su carácter intrínseco del juego lo hace irreversible, negándole las bonanzas de la alta estrategia.


El elemento sorpresa no aparece en el diccionario ajedrecístico de C. exceptuando algunas divertidas extravagancias como 1.h3, otro problema que surge como consecuencia de lo anterior es que a él sí lo puedes sorprender, y esta posibilidad en el ajedrez actual se intenta reducir al mínimo posible. C. por su talento, que indudablemente lo tiene, puede otorgar ventajas, pero no tantas y solo a ciertos jugadores de esta forma, se está, o mejor dicho se ha cerrado el paso a niveles muy superiores, si hubiera percibido ese enfoque erróneo, en el momento adecuado, sería desde hace mucho tiempo M.I. sin embargo subsanando este defecto puede lograr todavía el ansiado título.


El ajedrez de C. es pura fuerza bruta, basado en un portentosa cálculo (probablemente el mejor de los valencianos, y quizás uno de los mejores españoles), desglosa las lineas forzadas con una asombrosa facilidad y rapidez. Le hemos visto dar mates difíciles con muy pocos segundos en su reloj.

 


 


En la modalidad de active chess es un auténtico G.M. y este verano ha sido el jugador valenciano que más dinero ha ganado.


La apertura, sobre todo el medio juego y los finales los juega muy bien si no se dan ramificaciones que escapen a su cálculo, cuando este desaparece u oscurece los problemas le sobrevienen y a veces carece de los recursos necesarios para salir airoso.


A un jugador como C. que basa toda su fuerza en el cálculo y la dinámica de las piezas al modo de las últimas generaciones de programas y procesadores como Pentium, Deep Blue, etc. se le debe intentar ganar creándole debilidades y aguantando el temporal para llegar a finales ventajosos, otra alternativa que juzgo interesante es desviarle de las lineas forzadas, sorprendiéndole con algún sacrificio de peón o de pieza basado en lo intuitivo, golpeando con el «martillo» de Thal (la fantasía) se puede derribar a cualquier coloso. Desde aquí le deseamos que entre en el paraíso sin negociaciones previas, aunque dudo mucho que aceptara una invitación.

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