Sobre los torneos por la igualdad, parte 1/3 (artículo de opinión por Eivor Jordà)

En los últimos años hemos visto proliferar torneos por la igualdad de género. Sin ir más lejos, para el próximo agosto se anuncia uno en Benimodo. Es un tema que parece estar de moda y que puede utilizarse para atraer la atención, sin embargo, el asunto es bastante más serio de lo que parece y no conviene que lo tomemos a la ligera.




Como muy acertadamente apuntan las bases del torneo de Benimodo, el ajedrez es un deporte en el que pueden competir en igualdad de condiciones personas con distintas capacidades motrices y sensoriales, personas de distintas edades y, por supuesto, de distinto género. No se me ocurre otro deporte en el que en una sala de competición se puedan reunir participantes de tal diversidad como en el ajedrez. Y eso es algo muy bonito.





Sin embargo, que las mujeres podamos inscribirnos en cualquier torneo, no significa que hayamos alcanzado la igualdad. Puede resultar extraño que la igualdad de género sea algo que deba fomentarse de una manera especial en el ajedrez, pero no es tan sencillo. El ajedrez es un deporte tradicionalmente de hombres; hasta hace poco, se jugaba en entornos reservados a los hombres (como los casinos). Esta y otras razones culturales y educativas sin duda han hecho que el número de jugadores de ajedrez sea mucho mayor que el de jugadoras.

Para una mujer, apuntarse a un torneo y ser una de las pocas féminas que compiten, supone un reto mucho mayor que para un hombre. Sabes que te van a observar con mayor atención y sientes, de algún modo, que estás representando a tu género y que, si lo haces mal, pensarán con conmiseración “es una mujer” y, si lo haces bien, pensarán con sorpresa “qué gran excepción”. Por este motivo, mientras en las salas de juego el número de hombres y mujeres no esté equilibrado, las mujeres cargaremos con un nivel de estrés mayor que, sin duda alguna, nos perjudica en la competición.

(Continuará…)

Eivor Jordà Mathiasen



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2 comentarios :

  1. Veamos: 1) Para muchos hombres supone una carga adicional de estrés jugar contra una mujer, precisamente porque se espera (absurdamente, eso sí) que gane; 2) ¿Tradición? ¿Qué tradición tenían los chinos y las chinas en ajedrez hace 30 años? La única solución es que las mujeres compitan contra los hombres desde las primeras edades. La mayoría de mujeres, por no decir todas, que son profesionales se ganan la vida compitiendo exclusivamente entre ellas. Es un círculo vicioso: solo pueden ser profesionales compitiendo entre sí, pero así les es más difícil progresar. ¿Será casualidad que la mejor ajedrecista de la historia jamás disputó un torneo femenino?

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  2. Acabo de leer una noticia sobre la entrega de un premio para matemáticos equivalente al Nobel: la medalla Fields. Se concede desde hace casi 100 años y han sido premiados medio centenar de hombres y una sola mujer. Vayamos a las facultades de ciencias avanzadas y comparemos el número de alumnos y alumnas. ¿Por qué no aceptamos de una vez que el ajedrez tiene algo que lo hace atractivo para los hombres y menos para las mujeres, como las matemáticas, por ejemplo? La búsqueda de la paridad no tiene sentido si, con ello, forzamos la naturaleza de las cosas.

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